Llevamos nueve ediciones organizando el Campus Donato y, cada año, lo que más nos motiva son los mensajes que recibimos de las familias al terminar cada semana. Padres y madres que nos escriben para contarnos que su hijo o hija vuelve a casa cansado, feliz, con las botas embarradas y la cabeza llena de jugadas nuevas. Niños y niñas que cuentan los días para volver al año siguiente. Hermanos que se apuntan por primera vez porque el mayor les habló del campus.
No publicamos esos mensajes — son privados, y así seguirán siendo. Pero son la razón por la que cada año seguimos pisando el césped con la misma ilusión que el primer día.
Nos vemos en el campo.